Un jovencito iba con su papá caminando por el campo y llegaron a una cerca.
Al otro lado había un maizal con unas mazorcas grandes, brillantes y jugosas.
El papá miró a su hijo y le dijo: »¿Te apetece una?»
A lo que el niño respondió: »¡Sí!»
Entonces el papá se preparó para saltar la valla.
Miró a la izquierda y a la derecha y vio que no venía nadie.
Miró hacia atrás y vio que tampoco había nadie mirando.
Entonces trepó la valla y cuando estaba en lo más alto el niño le dijo:
»Papá, se te olvidó mirar hacia arriba».
***
El otro día me preguntaban por redes sociales cómo poder recuperar la confianza y el autoestima.
Qué pregunta, ¿eh?
Para mí es muy complejo hablar de eso porque creo que hay demasiadas variables como para poder dar una respuesta concreta.
Pero esta historia que acabas de leer ilustra exactamente una de las claves más importantes del autoestima y la confianza en uno mismo.
Y esta clave es la congruencia.
La congruencia es la armonía que hay entre lo que piensas, dices y haces.
Y lo más importante de todo: la congruencia empieza por uno mismo.
Es decir, si simplemente tratas de aparentar ser algo que no eres, no estás siendo congruente contigo mismo, y esa discordancia hace que no te ames.
De nada sirve ir por la vida pareciendo el más guapo si estás podrido por dentro.
De nada sirve parecer formal cuando todos te ven pero ser un tirano cuando estás solo.
De nada sirve ir a la Iglesia y dar unos centimillos cuando le estás robando el maíz al vecino.
¿Me explico?
Es tan simple como que, creas en Dios o no, creas en el Alma o no, creas en un Yo superior o no, siempre hay alguien mirando.
Y tu subconsciente sabe mucho.
Por lo tanto, quédate con esto:
Un buen juez, por su casa empieza.
Nos vemos en la Arena.
Mario.-